La República • Acuerdo de Escazú: Se demanda un debate sin falsedades

La República • Acuerdo de Escazú: Se demanda un debate sin falsedades 1024 582 Javier Rojas

César Gamboa, director ejecutivo de Derecho Ambiente y Recursos Naturales – DAR considera que es bueno que representantes de diversos sectores expresen su posición, pero sin falsedades que nos lleven a tomar decisiones equivocadas en defensa del medio ambiente, que es el tema de fondo del citado acuerdo.

El debate político de la vacancia presidencial opacó al debate que se vivía en redes sociales, alrededor del Acuerdo de Escazú. Existen dos bandos uno a favor y otro en contra del acuerdo; este último, en base a inexactitudes, falsedades y preocupaciones sobre el impacto de dicho acuerdo en el Perú.

Una primera lección sobre el debate del Acuerdo de Escazú es que, a partir de ahora, la población y los grupos de interés deberán exigir la misma practica de profundo debate público, con todos los tratados internacionales o, al menos, con los que Sí implican una afectación a la soberanía.

Se ha incentivado con falsa información el temor chauvinista por el peso de nuestra historia de malos negocios con nuestros recursos naturales. Desde el siglo XIX, con los contratos del guano, pasando por el caso de Brea y Pariñas, hasta los recientes proyectos de exportación del gas de Camisea a un precio inconveniente y el Acuerdo Energético Perú Brasil para venderle electricidad a este último.

Una segunda lección es que el Acuerdo de Escazú no trata sobre la disposición, gestión o uso de los recursos naturales, sino de elevar la protección de los derechos de participación, acceso la información y justicia en la gestión ambiental. El acuerdo no regula cómo el Estado otorga las concesiones ni obliga a cambiar la manera en la que se aprueba la licencia ambiental; obliga a los Estados a mejorar la entrega de información ambiental de decisiones políticas o proyectos de inversión, así como incluye o mejora mecanismos de participación en la gestión ambiental.

Se ha incentivado con falsa información el temor chauvinista por el peso de nuestra historia de malos negocios con nuestros recursos naturales. Desde el siglo XIX, con los contratos del guano, pasando por el caso de Brea y Pariñas, hasta los recientes proyectos de exportación del gas de Camisea a un precio inconveniente y el Acuerdo Energético Perú Brasil para venderle electricidad a este último.

Una segunda lección es que el Acuerdo de Escazú no trata sobre la disposición, gestión o uso de los recursos naturales, sino de elevar la protección de los derechos de participación, acceso la información y justicia en la gestión ambiental. El acuerdo no regula cómo el Estado otorga las concesiones ni obliga a cambiar la manera en la que se aprueba la licencia ambiental; obliga a los Estados a mejorar la entrega de información ambiental de decisiones políticas o proyectos de inversión, así como incluye o mejora mecanismos de participación en la gestión ambiental.

Fuente: La República